El secreto de la vainilla

lunes

Calendarios de alguna compañía de seguros, carpetas antiguas e incluso aparatos electrónicos en desuso. Las oficinas de la ITV tiene un poco de todo eso. Mientras llega el turno, en la sala hay conversaciones sobre el día. Hoy es lunes y, de forma particular, tiene materia suficiente para entretener la espera. Los lunes son temidos, más si la fortuna ha regalado un fin de semana libre. Pero el miedo que provoca, incluso antes de su llegada, es vencible. Y un lunes como hoy más aún.

Los nombres de los días de la semana, como los conocemos en castellano, tienen una raíz latina. Los griegos llamaban a los días de la semana “los días de los dioses” (Theon hemerai). Los romanos, con deidades equivalentes a las griegas, fueron los que finalmente nos legaron los nombres que en la actualidad reciben tanto los planetas como nuestros días de la semana.

Así, el lunes es dies lunae (día de la luna)

Hoy, es día de “súper luna”, un fenómeno que ocurre cada cierto tiempo y que lleva ese adjetivo porque se encuentra a no más de un diez por ciento de su punto más cercano a la Tierra en el recorrido de su órbita. Así se deja ver más grande y más brillante.

Sobrevivir a este lunes, entonces, es sencillo. Sólo es necesario deslumbrar y crecer desde cualquier dimensión.

 
  La “súper Luna” desde Plasencia.
P. D.: El coche ha pasado la ITV sin problemas.

14 noviembre 2016 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

desapego

Los cajones están repletos. Los armarios apenas tienen espacio. La mente supera la carga recomendada. Toca desocupar, eliminar lo que sobra,  y mantenerse en pie. Los árboles lo hacen cada otoño.

8 noviembre 2016 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

recompensas 

Cuando parece que sí, pero cambia el dictamen y, el finalista, como colofón, gana todos los juicios.

Cuando las advertencias pasan inadvertidas, pero sobreviven y ahora son realidades.

Cuando la sinrazón humana se cree superior a los hechos y, aún siendo incorrecta, los sigue manejando… Hasta que colisiona con su propia obstinación.
Cuando la versión más fiel es protestada sin conocimiento, para después salir ilesa de tanta intransigencia.

Cuando la experiencia se deja arrinconada, castigada y sin cena. Y un buen día llega esa delicatessen antes de ir a dormir. Y la acompaña a la cama. Y, además, la arropa.

Cuando el tiempo se cuenta por kilómetros y no por estaciones. Sin embargo, por un momento, una simple instantánea se queda con el protagonismo de todo el recorrido.

Cuando las preguntas están dentro de un guión y no es viable escapar de él. Pero se abren las puertas y los nuevos interrogantes son más eficaces.

Cuando se reiteran quejas absurdas y no está permitida la réplica. Hasta que la misma réplica pasa a segundo plano, y es totalmente innecesaria.

Cuando ha pasado una década y todo sigue como en sus inicios. Todo, menos la capacidad de afección de las cosas.

6 octubre 2016 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

afecto

Una caricia puede resolver un problema al instante. Incluso, es capaz de engrandecer lo que toca y lo que está a su alrededor.

Los primates están aventajados en muchos aspectos, no sólo por su existencia. En lo referente a los sentimientos, ellos son únicos. Demuestran cariño incluso en ese momento en el que es más difícil hacerlo, después de una discusión.

Expertos que han pasado tiempo con distintas especies de primates han asegurado que, tras una tensa pelea, la mayoría de ellos se regala un ritual de caricias, de acicalamiento mutuo, que acaba con la tensión entre los rivales y devuelve el equilibrio al grupo. Un equilibrio que es necesario para la supervivencia del colectivo. Dejando a un lado su orgullo de ganador, es, sin embargo, el dominante el que inicia la reconciliación. Además, si alguno del grupo demuestra reticencia al entendimiento, otro primate ajeno a la riña es el encargado de obsequiar mimos.

primates

Quizá en ellos está el origen del afecto, un complemento imprescindible en la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 marzo 2016 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

provocamos su risa

Fuera, en la calle, en la biblioteca, en aquel bar de la plaza, en la tienda de bolsos, en el parque… En cualquier parte, pero fuera. Para ellos la pantalla no sirve para nada.

Provocamos su risa. Y se ríen cuando recuerdan cómo salían a toparse con lo que querían, y lo conseguían. No necesitaban buscadores web, ni localizadores, ni mucho menos redes sociales. Hallaban la forma de llegar a esa ciudad y dar con la dirección apuntada en la servilleta de un bar. Mantenían una conversación durante horas sin investigar, mientras, datos en  internet; y, sobre todo, sabían encontrarse, como por casualidad, con esa persona especial.

Provocamos su risa cuando tropezamos en la calle, cuando nos sonrojamos porque el dichoso dispositivo suena dentro de la biblioteca, cuando nos sentamos frente a un café y la otra persona es como un decorado del bar, cuando buscamos dentro del bolso con etiqueta de la tienda, cuando las hojas del parque nos caen sin que apenas prestemos atención.

Provocamos su risa.

Su ignorancia hacia lo nuevo puede ser su clave de la felicidad. La risa, además, alarga la vida.

9 noviembre 2015 Posted by | Uncategorized | | 1 comentario

la vida con cuatro sentidos

Carmen apaga el ordenador. Coge su abrigo y, con mucho cuidado, sale de la oficina. Al dejar el ascensor, su perro la espera. Fajana es su fiel acompañante. La gran ciudad, a oscuras, no le da demasiada confianza.

Goyo, su marido, ya está en casa. Con mucho mimo ha preparado la comida. Juntos, comparten confidencias.

–  Hoy, estás especialmente guapa.

–  Gracias. Necesitaba escuchar algo así.

Carmen lleva unos días con una idea en la cabeza. Hoy ha decidido contársela a Goyo:

–  Ya no me gusta este sitio. Me apetece cambiar. Dejar los agobios, los horarios, los calendarios que pasan sus hojas a toda velocidad.

 

Estas palabras no sorprendieron a Goyo. Por su cabeza rondaba la misma idea. Siempre habían estado de acuerdo en cuestiones importantes.

A partir de ese momento, todo sucedió muy rápido. Carmen y Goyo buscaron algo que les permitiera estar juntos más tiempo y disfrutar de esos instantes tan suyos. Se acercaba el invierno, y deseaban tener un aire nuevo al despertarse, sentir los rayos del sol desde otra parte, saborear el frío al calor de una chimenea, conocer un nuevo paisaje con todos los sentidos a su alcance.

Encontraron ese lugar. Para ellos existe.

Está en el norte extremeño. Un rinconcito en La Vera, donde, además de conseguir todos sus anhelos, han encontrado una forma de completar sus quehaceres diarios.

Recién llegados, esbozaron su casa. Dibujaron todas las estancias a su antojo, amplias, sin obstáculos. La ubicación, un punto en lo más alto; con un acceso fácil de recordar. Un sitio libre de las cosas que sobran.

Han pasado los años y, ahora, Carmen y Goyo tienen un mundo apartado del nuestro. Un mundo que comparten con los demás.

Su satisfacción ha provocado una gran generosidad. En la casa hay habitaciones suficientes para alojar a todo el que quiera desaparecer de la cotidianidad. El entorno, tal y como imaginaron, está lleno de vegetación; montes, que van cambiando su tonalidad dependiendo de la estación; olores distintos a cada rato; sabores de frutos de temporada; y, unas vistas que llegan más allá de su alcance.

Sus días están repletos de tareas, pero ellos marcan el ritmo. Juntos vencen a los impedimentos que se encuentran, aunque cada vez son menos.

Goyo arregla lo que se rompe con sus manos, que también son sus ojos. Carmen hace uso de su esmerada delicadeza para cuidar de cada detalle, para que nada falle.

No entienden de imposibles. Han luchado por todo lo que han querido. Sus esfuerzos se han convertido en certezas.

Para ellos avanzar no es estar al día de las nuevas tecnologías. El progreso es, para Goyo y Carmen, vivir tal y como lo hacían nuestros abuelos. Los días en Jaraíz de la Vera son tranquilos, lo que no significa que no tengan cosas que hacer. Las ocupaciones aparecen cuando menos lo esperan y las realizan con entrega. Del mismo modo en el que lo han hecho siempre.

Han aprendido a tener justo lo que necesitan para sentirse afortunados. Entre sus pertenencias no hay ningún tipo de lujo. Una forma de vida que han contagiado a sus cuatro hijos. Se han adaptado con naturalidad a la localidad y a las costumbres de sus vecinos. Parece que han estado ahí desde que nacieron. Conocen las calles y la vista no es un requisito para ello.

Carmen y Goyo tienen una discapacidad visual desde niños. Algo que no ha entorpecido sus caminos.

Hoy les he conocido, mientras ultimaban los preparativos para dejar su casa lista para los inquilinos que llegarán horas más tarde. Cuando lleguen, encontrarán algo más que una casa rural. Descubrirán un hogar.

En la cara de este matrimonio hay toda la luz que falta en sus ojos. Esos que miran y ven solamente lo que realmente precisan. Son felices y eso se nota.

Cuando me voy, los dejo hablando. Continúan esa charla que dejaron años atrás:

–  Hoy, estás más guapa que nunca.

 

11 febrero 2013 Posted by | Uncategorized | 2 comentarios

toda una vida

Tengo la suerte de tener dos madres, la que me trajo al mundo y mi hermana.

Cuando nací, mi hermana ya estaba allí, en el hospital, esperando para conocerme. Creo que conectamos a la perfección. Y así sigue siendo.

No puedo vivir sin ella.

Sé lo que es echarla de menos, algo que ya no tengo por qué hacer y de lo que me alegro mucho.

Da igual la magnitud de un problema si lo comparto con mi hermana. Al momento, empequeñece. Su sonrisa me tranquiliza. Es en ese instante, cuando se forman dos hoyitos en su cara, y ya nada malo puede pasarme. Todo tiene solución.

Es un ejemplo para mí. Una mujer que lucha por lo que quiere, aunque, en ocasiones, tenga que tomar impulso más veces de las necesarias. No se rinde.

Ha formado una familia maravillosa, que acoge a quien pasa de cerca sin despreciar distancias.

Todo lo bueno cabría en su nombre y la felicidad debería escribirse con M.

Quiero compartir con ella  toda una vida.

 

16 diciembre 2012 Posted by | Uncategorized | 3 comentarios

llueve

Llueve. Por la forma en que diluvia, parece que no parará en días. Han pasado semanas. Muchas. Retornamos a lo de siempre. Estuvimos en el paraíso. Y ahora hace frío. Llueve. Como el día que dejamos la isla.

Desde entonces he permanecido en el Hades, ese inframundo al que tanto temían los griegos y del que alguien me habló un día.

Existe. Es oscuro. Los pies se te quedan pegados nada más cruzar su umbral. Hay silencio y, al mismo tiempo, muchos murmullos alrededor. Se escuchan frases sin sentido, contradictorias. Caminar por allí es sólo de valientes. Todo está en cuesta. Sólamente hay un pequeño halo iluminando parte de la senda.

Es como una gran madriguera de la que solamente podría salir un conejo hábil y acostumbrado a la escalada.

Sus paredes son una incógnita. En parte, están repletas de moho. Por otras zonas, resbalan al apoyarte en ellas.

Suerte que encontré una cuerda. Una soga resistente, que no cruje cuando tiro fuerte. Se mantiene ahí y me ayuda a subir.

Ya estoy cerca. He notado unas gotas de agua sobre mi cabeza. Llueve.

25 septiembre 2012 Posted by | Uncategorized | 1 comentario

gracias, Gabo

Tenía 12 años cuando tus letras rozaron mis pensamientos por primera vez.

“El amor en los tiempos del cólera” era lectura obligada en el colegio, por aquel entonces.

Al principio me echaba para atrás el gran tamaño de aquel tomo y, desde la ventana de mi habitación, miraba la calle con ganas de salir a jugar. Pero lo abrí. Comencé a descubrir una vida y una historia de amor auténtico y verdadero. La forma de contarlo era nueva para mí. Tu estilo. Ese que mezcla realidad y magia, sin que parezca chocante, me atrapó.

Años más tarde quería conocerte. Imaginaba que me enseñabas a describir situaciones, que retocabas mis redacciones, que te convertías en mi maestro. Narraba historias con la esperanza de que algún día alcanzarían la genialidad de tus relatos. La misma esperanza que no abandonaba a aquel coronel al que nadie escribía.

Y tu enseñanza llegaba cada vez que caía en mis manos un libro tuyo. Me regalaste tardes y noches de un valor incalculable. Aprendía con cada hoja que pasaba.

Ahora, esa educación literaria tiene límite. Uno que impone la demencia senil que te atrapa.

Tendré que conformarme con una estantería repleta de tus textos, al lado de esa ventana por la que solía buscar otras formas de entretenimiento.

Es tu legado, tu obra. Y podrá soportar años de soledad, quizá cien. Pero siempre estará ahí para quien quiera recordarte, o para que tú lo recuerdes.

 Imagen

10 julio 2012 Posted by | mis cosas | 2 comentarios

sucesión de sueños

En estos días en los que cuesta trabajo que reconozcan el tuyo; en los que solamente importan las medallas, las jerarquías, el amor propio; en los que llegan mensajes con tanta tinta tonta desperdiciada, llenos de locura incontrolable buscando el dolor ajeno. En estos días, compenso las malas noticias y los cambios de turno con tus besos impacientes, esos que me están esperando cuando llego a casa. Subsano la desilusión diaria con la cena rica que compartimos viendo cualquier tontería que ponen en la televisión. Con tus enredos, tus juegos. Con tus gestos, tu sonrisa y tu mirada más sincera, los mejores regalos antes de quedarte dormido. Con la noche a tu lado y así hasta el día siguiente cuando te observo y el contador se pone a cero, pues empieza todo a partir de ese momento, contigo…

… Así, de esta forma, pongo remedio a lo que intoxica mis horas. Lo hago, después de las once. Cuando, lejos de ti, sueño con todo lo anterior.

29 mayo 2012 Posted by | de la vida cotidiana | 1 comentario