El secreto de la vainilla

afecto

Una caricia puede resolver un problema al instante. Incluso, es capaz de engrandecer lo que toca y lo que está a su alrededor.

Los primates están aventajados en muchos aspectos, no sólo por su existencia. En lo referente a los sentimientos, ellos son únicos. Demuestran cariño incluso en ese momento en el que es más difícil hacerlo, después de una discusión.

Expertos que han pasado tiempo con distintas especies de primates han asegurado que, tras una tensa pelea, la mayoría de ellos se regala un ritual de caricias, de acicalamiento mutuo, que acaba con la tensión entre los rivales y devuelve el equilibrio al grupo. Un equilibrio que es necesario para la supervivencia del colectivo. Dejando a un lado su orgullo de ganador, es, sin embargo, el dominante el que inicia la reconciliación. Además, si alguno del grupo demuestra reticencia al entendimiento, otro primate ajeno a la riña es el encargado de obsequiar mimos.

primates

Quizá en ellos está el origen del afecto, un complemento imprescindible en la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 marzo 2016 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

provocamos su risa

Fuera, en la calle, en la biblioteca, en aquel bar de la plaza, en la tienda de bolsos, en el parque… En cualquier parte, pero fuera. Para ellos la pantalla no sirve para nada.

Provocamos su risa. Y se ríen cuando recuerdan cómo salían a toparse con lo que querían, y lo conseguían. No necesitaban buscadores web, ni localizadores, ni mucho menos redes sociales. Hallaban la forma de llegar a esa ciudad y dar con la dirección apuntada en la servilleta de un bar. Mantenían una conversación durante horas sin investigar, mientras, datos en  internet; y, sobre todo, sabían encontrarse, como por casualidad, con esa persona especial.

Provocamos su risa cuando tropezamos en la calle, cuando nos sonrojamos porque el dichoso dispositivo suena dentro de la biblioteca, cuando nos sentamos frente a un café y la otra persona es como un decorado del bar, cuando buscamos dentro del bolso con etiqueta de la tienda, cuando las hojas del parque nos caen sin que apenas prestemos atención.

Provocamos su risa.

Su ignorancia hacia lo nuevo puede ser su clave de la felicidad. La risa, además, alarga la vida.

9 noviembre 2015 Posted by | Uncategorized | | 1 comentario

la vida con cuatro sentidos

Carmen apaga el ordenador. Coge su abrigo y, con mucho cuidado, sale de la oficina. Al dejar el ascensor, su perro la espera. Fajana es su fiel acompañante. La gran ciudad, a oscuras, no le da demasiada confianza.

Goyo, su marido, ya está en casa. Con mucho mimo ha preparado la comida. Juntos, comparten confidencias.

–  Hoy, estás especialmente guapa.

–  Gracias. Necesitaba escuchar algo así.

Carmen lleva unos días con una idea en la cabeza. Hoy ha decidido contársela a Goyo:

–  Ya no me gusta este sitio. Me apetece cambiar. Dejar los agobios, los horarios, los calendarios que pasan sus hojas a toda velocidad.

 

Estas palabras no sorprendieron a Goyo. Por su cabeza rondaba la misma idea. Siempre habían estado de acuerdo en cuestiones importantes.

A partir de ese momento, todo sucedió muy rápido. Carmen y Goyo buscaron algo que les permitiera estar juntos más tiempo y disfrutar de esos instantes tan suyos. Se acercaba el invierno, y deseaban tener un aire nuevo al despertarse, sentir los rayos del sol desde otra parte, saborear el frío al calor de una chimenea, conocer un nuevo paisaje con todos los sentidos a su alcance.

Encontraron ese lugar. Para ellos existe.

Está en el norte extremeño. Un rinconcito en La Vera, donde, además de conseguir todos sus anhelos, han encontrado una forma de completar sus quehaceres diarios.

Recién llegados, esbozaron su casa. Dibujaron todas las estancias a su antojo, amplias, sin obstáculos. La ubicación, un punto en lo más alto; con un acceso fácil de recordar. Un sitio libre de las cosas que sobran.

Han pasado los años y, ahora, Carmen y Goyo tienen un mundo apartado del nuestro. Un mundo que comparten con los demás.

Su satisfacción ha provocado una gran generosidad. En la casa hay habitaciones suficientes para alojar a todo el que quiera desaparecer de la cotidianidad. El entorno, tal y como imaginaron, está lleno de vegetación; montes, que van cambiando su tonalidad dependiendo de la estación; olores distintos a cada rato; sabores de frutos de temporada; y, unas vistas que llegan más allá de su alcance.

Sus días están repletos de tareas, pero ellos marcan el ritmo. Juntos vencen a los impedimentos que se encuentran, aunque cada vez son menos.

Goyo arregla lo que se rompe con sus manos, que también son sus ojos. Carmen hace uso de su esmerada delicadeza para cuidar de cada detalle, para que nada falle.

No entienden de imposibles. Han luchado por todo lo que han querido. Sus esfuerzos se han convertido en certezas.

Para ellos avanzar no es estar al día de las nuevas tecnologías. El progreso es, para Goyo y Carmen, vivir tal y como lo hacían nuestros abuelos. Los días en Jaraíz de la Vera son tranquilos, lo que no significa que no tengan cosas que hacer. Las ocupaciones aparecen cuando menos lo esperan y las realizan con entrega. Del mismo modo en el que lo han hecho siempre.

Han aprendido a tener justo lo que necesitan para sentirse afortunados. Entre sus pertenencias no hay ningún tipo de lujo. Una forma de vida que han contagiado a sus cuatro hijos. Se han adaptado con naturalidad a la localidad y a las costumbres de sus vecinos. Parece que han estado ahí desde que nacieron. Conocen las calles y la vista no es un requisito para ello.

Carmen y Goyo tienen una discapacidad visual desde niños. Algo que no ha entorpecido sus caminos.

Hoy les he conocido, mientras ultimaban los preparativos para dejar su casa lista para los inquilinos que llegarán horas más tarde. Cuando lleguen, encontrarán algo más que una casa rural. Descubrirán un hogar.

En la cara de este matrimonio hay toda la luz que falta en sus ojos. Esos que miran y ven solamente lo que realmente precisan. Son felices y eso se nota.

Cuando me voy, los dejo hablando. Continúan esa charla que dejaron años atrás:

–  Hoy, estás más guapa que nunca.

 

11 febrero 2013 Posted by | Uncategorized | 2 comentarios

toda una vida

Tengo la suerte de tener dos madres, la que me trajo al mundo y mi hermana.

Cuando nací, mi hermana ya estaba allí, en el hospital, esperando para conocerme. Creo que conectamos a la perfección. Y así sigue siendo.

No puedo vivir sin ella.

Sé lo que es echarla de menos, algo que ya no tengo por qué hacer y de lo que me alegro mucho.

Da igual la magnitud de un problema si lo comparto con mi hermana. Al momento, empequeñece. Su sonrisa me tranquiliza. Es en ese instante, cuando se forman dos hoyitos en su cara, y ya nada malo puede pasarme. Todo tiene solución.

Es un ejemplo para mí. Una mujer que lucha por lo que quiere, aunque, en ocasiones, tenga que tomar impulso más veces de las necesarias. No se rinde.

Ha formado una familia maravillosa, que acoge a quien pasa de cerca sin despreciar distancias.

Todo lo bueno cabría en su nombre y la felicidad debería escribirse con M.

Quiero compartir con ella  toda una vida.

 

16 diciembre 2012 Posted by | Uncategorized | 3 comentarios

llueve

Llueve. Por la forma en que diluvia, parece que no parará en días. Han pasado semanas. Muchas. Retornamos a lo de siempre. Estuvimos en el paraíso. Y ahora hace frío. Llueve. Como el día que dejamos la isla.

Desde entonces he permanecido en el Hades, ese inframundo al que tanto temían los griegos y del que alguien me habló un día.

Existe. Es oscuro. Los pies se te quedan pegados nada más cruzar su umbral. Hay silencio y, al mismo tiempo, muchos murmullos alrededor. Se escuchan frases sin sentido, contradictorias. Caminar por allí es sólo de valientes. Todo está en cuesta. Sólamente hay un pequeño halo iluminando parte de la senda.

Es como una gran madriguera de la que solamente podría salir un conejo hábil y acostumbrado a la escalada.

Sus paredes son una incógnita. En parte, están repletas de moho. Por otras zonas, resbalan al apoyarte en ellas.

Suerte que encontré una cuerda. Una soga resistente, que no cruje cuando tiro fuerte. Se mantiene ahí y me ayuda a subir.

Ya estoy cerca. He notado unas gotas de agua sobre mi cabeza. Llueve.

25 septiembre 2012 Posted by | Uncategorized | 1 comentario

gracias, Gabo

Tenía 12 años cuando tus letras rozaron mis pensamientos por primera vez.

“El amor en los tiempos del cólera” era lectura obligada en el colegio, por aquel entonces.

Al principio me echaba para atrás el gran tamaño de aquel tomo y, desde la ventana de mi habitación, miraba la calle con ganas de salir a jugar. Pero lo abrí. Comencé a descubrir una vida y una historia de amor auténtico y verdadero. La forma de contarlo era nueva para mí. Tu estilo. Ese que mezcla realidad y magia, sin que parezca chocante, me atrapó.

Años más tarde quería conocerte. Imaginaba que me enseñabas a describir situaciones, que retocabas mis redacciones, que te convertías en mi maestro. Narraba historias con la esperanza de que algún día alcanzarían la genialidad de tus relatos. La misma esperanza que no abandonaba a aquel coronel al que nadie escribía.

Y tu enseñanza llegaba cada vez que caía en mis manos un libro tuyo. Me regalaste tardes y noches de un valor incalculable. Aprendía con cada hoja que pasaba.

Ahora, esa educación literaria tiene límite. Uno que impone la demencia senil que te atrapa.

Tendré que conformarme con una estantería repleta de tus textos, al lado de esa ventana por la que solía buscar otras formas de entretenimiento.

Es tu legado, tu obra. Y podrá soportar años de soledad, quizá cien. Pero siempre estará ahí para quien quiera recordarte, o para que tú lo recuerdes.

 Imagen

10 julio 2012 Posted by | mis cosas | 2 comentarios

sucesión de sueños

En estos días en los que cuesta trabajo que reconozcan el tuyo; en los que solamente importan las medallas, las jerarquías, el amor propio; en los que llegan mensajes con tanta tinta tonta desperdiciada, llenos de locura incontrolable buscando el dolor ajeno. En estos días, compenso las malas noticias y los cambios de turno con tus besos impacientes, esos que me están esperando cuando llego a casa. Subsano la desilusión diaria con la cena rica que compartimos viendo cualquier tontería que ponen en la televisión. Con tus enredos, tus juegos. Con tus gestos, tu sonrisa y tu mirada más sincera, los mejores regalos antes de quedarte dormido. Con la noche a tu lado y así hasta el día siguiente cuando te observo y el contador se pone a cero, pues empieza todo a partir de ese momento, contigo…

… Así, de esta forma, pongo remedio a lo que intoxica mis horas. Lo hago, después de las once. Cuando, lejos de ti, sueño con todo lo anterior.

29 mayo 2012 Posted by | de la vida cotidiana | 1 comentario

una estrella más en el cielo

Él la amaba. La amaba con respeto, con cariño y con mucha devoción.

Llevaban juntos desde su juventud. Y, juntos, habían criado a nueve hijos. Durante años, habían soportado huchas rotas, cuentas incalculables, escasez de tiempos difíciles, muy difíciles. Pero a él nunca le faltaba una sonrisa en la cara. A ella ese gesto le daba fuerzas. Él lo sabía.

Las preocupaciones aumentaban. Hubo que emigrar y separarse de sus orígenes. Pero ella encontraba la salida en los detalles cotidianos que él tenía.

Era un hombre grande y no sólo por su estatura. Él tenía la clave de la felicidad y se la prestaba a los que la necesitaban.

Nos dejó hace ocho años y antes de marcharse para siempre dijo que cuidáramos de ella.

Ayer, ella se fue también. Se reunió con él. Supongo que le echaba de menos. Ocho años separados es mucho tiempo después de toda una vida.

Hoy me he perdido la puesta de sol, pero dicen que ha sido de las más bonitas que se han visto en mucho tiempo.

 

Para mis abuelos.

19 febrero 2012 Posted by | mis cosas | 6 comentarios

hallazgos

Resulta que hay un rincón en Extremadura que tiene casas de chocolate. Bueno, al menos lo parecen. Sus balcones tienen formas y colores apetitosos a simple vista. Las ventanas están moldeadas como tabletas de cacao y sus puertas ofrecen un aspecto tan dulce que dan ganas de comérselas.

Todo allí parece sacado de un cuento de los hermanos Grimm.

He pasado cerca de su nombre en miles de ocasiones, pero nunca he seguido el camino que lleva hacia el lugar. Es uno de los pueblos más altos de La Vera. Quizás, el encanto de Guijo de Santa Bárbara es ese. Todo es fantástico cuando lo descubres.

En ese pueblo vive un hombre que transforma todas esas cosas simples en fabulosas. Y lo hace con sus manos. Unas manos llenas de magia.

Tiene un oficio que está a punto de desaparecer, porque las prisas no permiten su aprendizaje. Es tallista, escultor, modelador… es asombroso. Con un pedacito de madera puede crear mundos en miniatura, diseños concebidos en su imaginación.

Él es el responsable del hechizo que existe en las calles de su localidad. De esas golosinas que están a la vista de todos.

Después de 25 años tallando imágenes, será nombrado Maestro Artesano de Extremadura.

El truco de Juan Carlos Vicente Castañares, según me ha contado, está en “quitar todo aquello que sobra”.

Sigue quitando, maestro. Sigue quitando.

 

31 enero 2012 Posted by | Uncategorized | 2 comentarios

negación

Mientras siguen llegando cartas, mensajes, correos electrónicos y frases de despedida; el puzzle no se completa, pierde piezas antes (incluso) de memorizar el dibujo.

Así, las tardes se convierten en mañanas, las citas se quedan desoladas, las islas acaban cubiertas por la marea, las directrices cambian de rumbo, las instalaciones deben ser abandonadas, los compañeros transforman la creatividad en inercia.

Los cambios son necesarios aunque no de forma brusca. Hay bases que son intocables. Existen personas y proyectos que son irremplazables.

Aquel rompecabezas que empezó a crearse hace seis años, quizás pueda rematarse algún día. Para ello, habrá que inventar pedacitos nuevos. También, habrá que cerrar los ojos en más de una ocasión y recordar lo que nos convirtió en imprescindibles, aunque algunas voces repitan que lo auténtico no es lo más importante.

Pero, ahora es el momento de la negación. Esa primera fase a superar cuando se extravían los sueños.

En este caso la negativa es obligatoria, pues NO es posible concebir la fascinación sin su motivo.

 

19 diciembre 2011 Posted by | de la vida cotidiana | 2 comentarios