El secreto de la vainilla

guapa

He pasado por el pasillo y la he visto de refilón.

Llevaba prisa y no me he parado a observarla, pero me he dado cuenta.

Ella, paciente, ha tenido que esperar hasta el ascensor para que me fijara con detenimiento. En ese momento he descubierto algo nuevo.  Ahora ella tiene una mirada más limpia que nunca. Una mirada que se ha quedado en el espejo cuando he llegado al bajo y he abandonado la cabina.

 

Han pasado ya veinticinco siglos desde que se inventó. Desde entonces el espejo ha estado unido a la identidad, ha estado situado entre lo falso y lo veraz y nos ha hecho vivir fantasías junto a Lewis Carroll y Alicia a través del espejo, o lo que imagina Borges cuando escribió “al igual que la cópula, el espejo multiplica a las personas innecesariamente”.

Aunque no tenían el instrumento como lo conocemos hoy en día, los antiguos contaban con un metal pulido que cumplía las mismas funciones que el espejo contemporáneo. Sócrates recomendaba el uso del espejo a sus discípulos para que, si eran hermosos, se hicieran moralmente dignos de su belleza, y, si eran feos, lo ocultaran mediante el cultivo de su espíritu.

A los clásicos debemos también la idea de que la totalidad de una persona puede ser resumida en su rostro. El griego clásico reconoce una sola palabra para rostro, persona y personaje. Para los griegos el espejo aparecía también como un productor de falsas apariencias; por tanto, las metáforas que se valen de su imagen no fueron asociadas al conocimiento de sí. Fue Séneca quien siglos más tarde afirmó que los espejos fueron inventados para que el hombre se conociera a sí mismo y no para que se afeitara la barba. A través de esta dimensión metafórica el espejo fue vinculado con la identidad y se acentuó la idea de que para conocerse es necesaria una mediación, tomar distancia de uno mismo y contemplarse como objeto. Los escritores de la Roma imperial ya tomaron conciencia de que una de las limitaciones del espejo es la de ignorar lo que no aparece de frente.

Sí, hoy te he visto más guapa que nunca. No he dejado lo que no se ve.

Lo he visto todo, te he conocido, y me ha gustado.

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24 octubre 2008 - Posted by | mis cosas

2 comentarios »

  1. Te regalo una de espejos. Es un cuentito de Gonçalo M. Tavares, que ayer pasó por Mérida y hoy me tiene intrigada. Es sencilla pero abierta a interpretaciones. Un besito

    “El señor Valéry no era guapo. Pero tampoco feo. Mucho tiempo atrás, había decidido cambiar los espejos por cuadros de paisajes. Así pues, desconocía su aspecto actual. El señor Valéry decía: «Es mejor así. Si me viera guapo me asaltaría el temor a perder mi belleza, y si me viera feo detestaría las cosas bellas. De esta manera ni temo ni odio».

    Comentario por Palmiralis | 24 octubre 2008 | Responder

  2. Esa mirada ha estado siempre ahí, limpia. igual de clara, reflejándose en el espejo esperando que la descubras.

    A veces, sus verdes pupilas se han visto empañadas por rios de resignación, de pena, de deseos frustrados. Pero las más están iluminadas por la sinceridad que desprenden, por la amabilidad que ofrecen.

    Pero siempre tan bella, tan guapa como hoy la has visto. Desde el espejo ella ha buscado tus ojos y ha pensado lo mismo… qué guapa está hoy. Seguro.

    Comentario por El espejo | 24 octubre 2008 | Responder


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