El secreto de la vainilla

gotas escasas de primavera

vainilla

flor de la vainilla

Ya le queda muy poco… esta mañana cuando lo he cogido apenas pesaba y al pulverizador le costaba arrancar la esencia del fondo. Quizás las nubes grises que aumentan tu tardanza tengan algo que ver. 

Durante unos días parecía primavera. El sol calentaba, los almendros han dejado ver sus flores rosáceas y los cerezos han comenzado a gritar con sus capullos exaltados. Y es ahora cuando tu olor se marcha para siempre, ya no te fabrican.

La primera vez que me cubriste, que me hiciste sentir tu fragancia a vainilla, fue aquel mes de abril de 2002. Pensé que serías eterno, como me gustaría que fuera la anhelada primavera.

Cuenta Homero que hubo un tiempo en el sureste de Europa en que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno. La artífice de tanta maravilla no era otra que la diosa de la fecundidad de los campos, Démeter (la Madre Tierra).

Démeter se convertiría en la cuarta esposa de Zeus, padre de todos los dioses, dueño y señor del cielo. De este matrimonio nacería Core (doncella), que después recibiría el nombre de Perséfone. Era el amor de su madre, además de ser una de las más hermosas. Solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar. Un día pasó por allí el terrible Hades, dios de los infiernos, con su temible carro tirado por caballos. Se quedó prendado de Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, a su territorio.

Démeter, al no aparecer su hija, empezó a preocuparse y fue en su busca. Para ello encendió dos antorchas y, con una en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches. Pero fue inútil. Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a decirle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra, que se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, las plantas no crecen.

Zeus, ante el desastre que se estaba produciendo, se vio obligado a intervenir. Sin embargo no le fue posible devolver a Perséfone a su adorada madre. La muchacha había probado el fruto de los infiernos (la granada) y le era imposible regresar al mundo de los vivos y abandonar las profundidades.

Aún así pudieron llegar a un acuerdo, mediante el cual, la joven podía estar al lado de su esposo durante un periodo del año y, así, volver al lado de su madre.

Cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra. Pero si la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones.

Anuncios

19 febrero 2009 - Posted by | mis cosas

4 comentarios »

  1. Qué bonito Noe!

    Comentario por calze | 19 febrero 2009 | Responder

  2. A mí también me gusta la primavera. Todo huele mejor, todo es más bonito, todo tiene otro color. Además te levantas y ves por la ventana el día tan bueno que hace y te dan ganas de hacer muchísimas cosas, aunque estés cansado.

    Un saludo.

    Comentario por cielo azul | 19 febrero 2009 | Responder

  3. A mí la primavera me produce astenia… pero es maravilloso que salga el sol…

    Comentario por LosViajesQueNoHice | 20 febrero 2009 | Responder

  4. Vaya… te había perdido la pista. Veo que has seguido con el blog 🙂 Cómo me alegro.

    Un abrazo.

    Comentario por Christian | 14 marzo 2009 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: