El secreto de la vainilla

mi primera vez

Inmersa en historias fantásticas, me he topado, una vez más, con la realidad.

En un pueblo del norte de Cáceres, Ahigal, vive una mujer que se ilusiona todavía cuando recibe en casa una caja llena de libros nuevos, que ocuparán las estanterías de la biblioteca municipal, de la que se encarga.

Esta mujer llamó mi atención hace unos meses. Ahora he podido conocerla. Por paradojas de la vida, se llama Constancia.

Nada más cruzar la puerta de su casa sentí que ya había estado antes por aquella salita, andando por aquel pasillo, sentada en aquel sofá. Fue allí (en el sofá), donde encontré el motivo de mi visita. Estaba jugando con sus muñecos, escuchando las canciones que todas las mañanas le canta su tía, intentando hablar y contar mil historias que tiene guardadas.

Fabio es un niño con parálisis cerebral, tiene diez años. Hace cinco le diagnosticaron una enfermedad rara que le produce una disfunción en sus riñones, por lo que tiene que pasar trece horas al día enganchado a una máquina que sustituye ese trabajo de sus órganos.

Constancia, su madre, lleva peleando todo este tiempo para conseguir un riñón para Fabio, pero “ni siquiera le ponen en lista de espera por tener una discapacidad”, me ha dicho.

Jamás he llorado durante una entrevista. Me he emocionado en numerosas ocasiones, pero nunca se me ha escapado una lágrima. Hoy ha ocurrido. Ha sido mi primera vez, y Fabio lo ha notado, su madre lo ha notado, la neutralidad en mi trabajo lo ha notado.

El tiempo se ha quedado parado durante un momento…

Después Fabio me ha hecho reir, hemos jugado con Pumba, con Mickey, con la rana verde que describe números y letras…

Las palabras de Constancia, al despedirse, me han hecho reflexionar: “Noelia, si sigo luchando es porque Fabio me ha demostrado que quiere seguir aquí, que quiere vivir por muy dura que sea su existencia.”

Quizás necesitemos un motivo para seguir luchando por un sueño, para seguir creyendo en lo que algún día llegará.

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25 mayo 2009 - Posted by | mis cosas

3 comentarios »

  1. Pero es que en nuestro trabajo, cariño, no se puede ser neutral. Siempre hay que adoptar un punto de vista.

    Yo tengo muy claro el mío. Por eso me gustan tanto las historias que cuentas. Espero que siga luchando. Y Fabio con ella.

    Comentario por LosViajesQueNoHice | 25 mayo 2009 | Responder

  2. No sé si este era el cuento que estábamos esperando. Posiblemente no. Pero es una historia tan bonita que hace creer en que los cuentos a veces tienen una gran parte de realidad.

    Las ganas de vivir de Fabio tienen que ser un ejemplo para todo el mundo, no sólo para su madre, Constancia, (que nombre más apropiado), que encuentra en su lucha una razón para compartirla, sino también para todos los demás, los que egoístamente alguna vez pensamos en tirar la toalla sin pararnos a contemplar cuánto aprecia la vida alguien a quien no se la ponen tan fácil como a nosotros.

    Gracias por traernos estas historias llenas de humanidad que demuestran cuanto cariño desprendes en tu trabajo y no te preocupes por la neutralidad, ante ejemplos como este mostrarse neutral sería mostrarse insensible, y una buena comunicadora debe saber transmitir su sensibilidad a quien la lea o escuche .

    Comentario por Esperando | 25 mayo 2009 | Responder

  3. Eres increíble!!

    Comentario por Anónimo | 26 mayo 2009 | Responder


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