El secreto de la vainilla

un helado derretido en los bolsillos

“Lo siento, pequeño, pero hoy no puedo comprarte uno…”

No se sabe con exactitud el origen de los helados. Sí es cierto que los romanos fueron los inventores de algo que, en su época, podía asemejarse, el sorbete. Para refrescarse mezclaban nieve, frutas y miel. Parece ser que Nerón, un emperador romano, hacía traer nieve de los Alpes para que le preparasen esta bebida helada.

Los cocineros de los países árabes, de los Califas de Bagdad, se empeñaron en refinar la calidad y variedad de los helados, añadiendo zumos de frutas a su preparación. Unas mezclas a las que dieron el nombre de “sharbets” (bebida).

El nombre de Marco Polo también está unido a los antecedentes de este postre. Él fue el encargado de divulgar en Italia una receta para su preparación, de regreso de uno de sus viajes al Lejano Oriente. Incluso se ha dicho que el nombre de “polos” se puso en homenaje a este explorador veneciano.

Los helados llegaron a Francia cuando Catalina de Médicis se casó con Enrique II. A Inglaterra, en cambio, llegaron gracias a un cocinero francés, que sirvió en la corte y que inventó una receta que incorporaba leche a los helados. El producto era muy rico, y se cuenta que el rey le dio una gran recompensa para que se reservase la fórmula. como un contrato de exclusividad con la mesa real. Pero este cocinero no lo respetó y su resultado se conoció en todos los países.

heladero6gs

heladero ambulante

En el año 1660, el italiano Procopio fue más allá e inventó una máquina que homogeneizaba las frutas, el azúcar y el hielo, con lo que se obtenía una verdadera crema helada, similar a la que hoy podemos saborear.

Por muchos años, los heladeros italianos guardaron celosamente el secreto de la preparación de los helados, hasta que los vendedores ambulantes lo distribuyeron por Europa.

En el siglo XVIII, las recetas de helados ya estaban incluídas en todos los libros de cocina. Fue entonces cuando se dieron a conocer en América del Norte.

Un proceso, el de la elaboración de los helados, que no es sencillo y cuya evolución forma parte de nuestra historia. Al principio era un placer para pocos, sólo podían disfrutarlos reyes y personas privilegiadas.

Un hecho que parece volver a repetirse… “Lo siento, pequeño, pero hoy no puedo comprarte uno” es una frase que escuché ayer en la puerta de una heladería. Un niño, de apenas cinco años, miraba con ojos derretidos la variedad de sabores que ofrecía la vitrina. La voz de su padre, quizás sin trabajo y con la crisis ocupando sus bolsillos, acababa con sus ansias de una merienda refrescante.


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18 junio 2009 - Posted by | mis cosas

1 comentario »

  1. jo, un post muy largo, se me ha derretido mi helado

    lo mismo eso es lo que nos falta, sentarnos ante un helado de vainilla tamaño XXL y mirarnos después mucho tiempo, no antes, porque la vainilla se terminaría escurriendo

    te apuntas?

    Comentario por poli bueno polo malo | 18 junio 2009 | Responder


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