El secreto de la vainilla

vuestras caras lo decían todo

Las sonrisas. La resignación.

Ver cómo lo celebran unos y cómo vuelven a la realidad el resto.

Nos hemos quedado a las puertas de una cifra.

Pero lo mejor es que podemos continuar como hasta ahora. Si lo piensas, las cosas habrían cambiado bastante: quizás no habríamos vuelto a desayunar juntos, a comer juntos, a cenar en compañía… Quizás las cañas no habrían vuelto a saber igual.

¿Sabes? No me gustaría cambiar nada, ni por cien mil euros, aunque, por cinco minutos, nos hayamos sentido millonarios.

De momento quiero que continúe siendo así. Al menos, puedo seguir riendo.

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22 diciembre 2009 - Posted by | de la vida cotidiana

3 comentarios »

  1. ummm… casi haces llorar a la dura de tu compi.
    Sabes que??No lo había mirado desde esa perspectiva, pero tienes razón, me valen más nuestras cañas con sabor a polígono y nuestro bizcocho de la mari!!

    Comentario por tu sabes quien soy | 22 diciembre 2009 | Responder

  2. Gracias!

    Comentario por Noelia | 22 diciembre 2009 | Responder

  3. Desde luego quien no se consuela es porque no quiere jeje

    De todas maneras no creo que a ti te cambien cien mil euros ni un millón, seguro que seguirías teniendo tiempo para tu gente, sólo que esos desayunos los trasladarías a París, las comidas a la bahía de Sydney y las cañas al Uluru.

    Comentario por Juan Carlos | 23 diciembre 2009 | Responder


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