El secreto de la vainilla

maravillada

Tim Burton lo ha vuelto a hacer. Ha logrado que quiera vivir para siempre en esos lugares que sólo él sabe inventar.

La entrada al País de las Maravillas de Burton

Me metería de cabeza en esa madriguera, si me lo permite el conejo blanco.

No me importaría hacerme pequeñita, muy pequeñita, para conseguir entrar por la única puerta que me trasladara a un rincón maravilloso. Tampoco me daría reparo ser un gigante, comiendo mucha “aumentarta”, si así consiguiera salvar a esa persona que me ha hecho reir, ya sea un Sombrerero Loco o cualquier otro protagonista en mi vida.

Aprendería todas las “deliranzas” que existen en el mundo si así fuera posible que mis sueños se cumplieran.

Pintaría flores para acabar con el problema y arrancar sonrisas.

Hablaría horas y horas con el Gato de Cheshire, seguro que me confesaría por qué me gustan tanto los de su raza.

Me sorprendería con las orugas que con un aleteo azul  se convierten en mariposas…

Y, sobre todo, me volvería loca, perdería la cabeza, estaría chiflada y repleta de muchedad para continuar con un “bien viaje”

Todo es más auténtico allí, en su País de las Maravillas.

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19 abril 2010 - Posted by | mis cosas

1 comentario »

  1. Iba con reservas pero salí con una gran, gran sonrisa, como la del gato que desaparece… y sí, sí… la deliranza, la muchedad y los bienviajes… ¿qué nos dejarían llevarnos al sombrerero para casa??

    Comentario por palmiralis | 20 abril 2010 | Responder


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