El secreto de la vainilla

gracias, Gabo

Tenía 12 años cuando tus letras rozaron mis pensamientos por primera vez.

“El amor en los tiempos del cólera” era lectura obligada en el colegio, por aquel entonces.

Al principio me echaba para atrás el gran tamaño de aquel tomo y, desde la ventana de mi habitación, miraba la calle con ganas de salir a jugar. Pero lo abrí. Comencé a descubrir una vida y una historia de amor auténtico y verdadero. La forma de contarlo era nueva para mí. Tu estilo. Ese que mezcla realidad y magia, sin que parezca chocante, me atrapó.

Años más tarde quería conocerte. Imaginaba que me enseñabas a describir situaciones, que retocabas mis redacciones, que te convertías en mi maestro. Narraba historias con la esperanza de que algún día alcanzarían la genialidad de tus relatos. La misma esperanza que no abandonaba a aquel coronel al que nadie escribía.

Y tu enseñanza llegaba cada vez que caía en mis manos un libro tuyo. Me regalaste tardes y noches de un valor incalculable. Aprendía con cada hoja que pasaba.

Ahora, esa educación literaria tiene límite. Uno que impone la demencia senil que te atrapa.

Tendré que conformarme con una estantería repleta de tus textos, al lado de esa ventana por la que solía buscar otras formas de entretenimiento.

Es tu legado, tu obra. Y podrá soportar años de soledad, quizá cien. Pero siempre estará ahí para quien quiera recordarte, o para que tú lo recuerdes.

 Imagen

Anuncios

10 julio 2012 Posted by | mis cosas | 2 comentarios