El secreto de la vainilla

llueve

Llueve. Por la forma en que diluvia, parece que no parará en días. Han pasado semanas. Muchas. Retornamos a lo de siempre. Estuvimos en el paraíso. Y ahora hace frío. Llueve. Como el día que dejamos la isla.

Desde entonces he permanecido en el Hades, ese inframundo al que tanto temían los griegos y del que alguien me habló un día.

Existe. Es oscuro. Los pies se te quedan pegados nada más cruzar su umbral. Hay silencio y, al mismo tiempo, muchos murmullos alrededor. Se escuchan frases sin sentido, contradictorias. Caminar por allí es sólo de valientes. Todo está en cuesta. Sólamente hay un pequeño halo iluminando parte de la senda.

Es como una gran madriguera de la que solamente podría salir un conejo hábil y acostumbrado a la escalada.

Sus paredes son una incógnita. En parte, están repletas de moho. Por otras zonas, resbalan al apoyarte en ellas.

Suerte que encontré una cuerda. Una soga resistente, que no cruje cuando tiro fuerte. Se mantiene ahí y me ayuda a subir.

Ya estoy cerca. He notado unas gotas de agua sobre mi cabeza. Llueve.

25 septiembre 2012 Posted by | Uncategorized | 1 comentario