El secreto de la vainilla

provocamos su risa

Fuera, en la calle, en la biblioteca, en aquel bar de la plaza, en la tienda de bolsos, en el parque… En cualquier parte, pero fuera. Para ellos la pantalla no sirve para nada.

Provocamos su risa. Y se ríen cuando recuerdan cómo salían a toparse con lo que querían, y lo conseguían. No necesitaban buscadores web, ni localizadores, ni mucho menos redes sociales. Hallaban la forma de llegar a esa ciudad y dar con la dirección apuntada en la servilleta de un bar. Mantenían una conversación durante horas sin investigar, mientras, datos en  internet; y, sobre todo, sabían encontrarse, como por casualidad, con esa persona especial.

Provocamos su risa cuando tropezamos en la calle, cuando nos sonrojamos porque el dichoso dispositivo suena dentro de la biblioteca, cuando nos sentamos frente a un café y la otra persona es como un decorado del bar, cuando buscamos dentro del bolso con etiqueta de la tienda, cuando las hojas del parque nos caen sin que apenas prestemos atención.

Provocamos su risa.

Su ignorancia hacia lo nuevo puede ser su clave de la felicidad. La risa, además, alarga la vida.

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9 noviembre 2015 Posted by | Uncategorized | | 1 comentario