El secreto de la vainilla

recompensas 

Cuando parece que sí, pero cambia el dictamen y, el finalista, como colofón, gana todos los juicios.

Cuando las advertencias pasan inadvertidas, pero sobreviven y ahora son realidades.

Cuando la sinrazón humana se cree superior a los hechos y, aún siendo incorrecta, los sigue manejando… Hasta que colisiona con su propia obstinación.
Cuando la versión más fiel es protestada sin conocimiento, para después salir ilesa de tanta intransigencia.

Cuando la experiencia se deja arrinconada, castigada y sin cena. Y un buen día llega esa delicatessen antes de ir a dormir. Y la acompaña a la cama. Y, además, la arropa.

Cuando el tiempo se cuenta por kilómetros y no por estaciones. Sin embargo, por un momento, una simple instantánea se queda con el protagonismo de todo el recorrido.

Cuando las preguntas están dentro de un guión y no es viable escapar de él. Pero se abren las puertas y los nuevos interrogantes son más eficaces.

Cuando se reiteran quejas absurdas y no está permitida la réplica. Hasta que la misma réplica pasa a segundo plano, y es totalmente innecesaria.

Cuando ha pasado una década y todo sigue como en sus inicios. Todo, menos la capacidad de afección de las cosas.

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6 octubre 2016 - Posted by | Uncategorized

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